El desplome de la leche en España

En abril de 2015 se eliminaron las cuotas lácteas asignadas por la Unión Europea a los países miembro. Supuso el fin del proteccionismo en el sector de la leche. La oferta y la demanda ha pasado a ser controlada por los mercados, y también los precios. Sin embargo, la liberalización del sector ha tenido serios efectos en las pequeñas explotaciones de España: las grandes distribuidoras imponen sus normas, los precios en origen caen y las pequeñas empresas echan el cierre.
La historia de las cuotas se remonta a 1984 cuando hubo una importante crisis debido a los excedentes de producción que los medios de comunicación bautizaron como ‘lagos de leche’ y ‘montañas de mantequilla’. Se establecieron para limitar la cantidad que cada país podía producir de leche con la intención de poner orden a los desajustes de la oferta y la demanda. Dos años después, España ingresó como estado miembro en la Unión Europea y se le adjudicó también un cupo. En ese momento fue de 5.400.000 toneladas de leche anuales y, posteriormente, la cantidad se fue incrementando hasta llegar a las 6.557.555,45 toneladas en la campaña del 2013/2014.
Aunque el sistema de cuotas pretendía ser una medida regulatoria, en el caso español presentaba algunos inconvenientes. España tenía asignada una cuota que cubría el 60% de la demanda de leche del país. Y el otro 40%? Venía de los países vecinos. Las cuotas lo impedían pero el Estado tenía capacidad para producir más, sin embargo, se importaba leche a precios mucho más bajos de otros países de la UE tradicionalmente excedentarios. Los cupos obligaron a los productores del país a reducir la producción y sacrificar animales para evitar sobrepasar la cantidad impuesta.
En 2015, el aumento de la población mundial, los cambios en las dietas y un mayor consumo de derivados lácteos, provocan un aumento de la demanda de leche en todo el mundo. Este fue el motivo principal que impulsó a la Unión Europea a liberalizar el sector y eliminar las cuotas.
Los ganaderos han tenido que ajustar su producción al mercado, con la consiguiente volatilidad de precios, aun así, la liberación del sector también supone una oportunidad. Así lo manifiesta la Federación Nacional de Industrias Lácteas (FENIL) que ve el fin de las cuotas como un hecho positivo debido a la creciente demanda de leche y la eliminación de la limitación para producir, una situación que podría permitir vender más.
Sin embargo, a medida que el sector se ha ido reestructurando, se han destruido las pequeñas explotaciones, sobretodo en Galicia, concentrando la producción en las explotaciones con mayores dimensiones.
Según el informe de la Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos (COAG) ‘Del aterrizaje suave al aterriza como puedas’, en 2013 se registraron en el país 18.034 entregas de leche; en 2015, 16.490, un 8,56% menos. Sólo en el último año, unas 600 granjas han tenido que cerrar, según datos de la Unión de Pequeños Agricultores y Ganaderos, una tendencia que se repite en los años anteriores.
El por qué cierran las ganaderías, es debido al precio por debajo de coste que perciben por litro de leche. Los ganaderos pueden sacar más leche al mercado, si así lo desean, pero reciben menos dinero por él. Según datos del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, en 2014, el precio medio percibido por litro de leche fue de 39,30 céntimos y, en 2016, este precio ha bajado a 30,80.
Por un lado, según apunta COAG, el miedo tras la eliminación de las cuotas es el de un incremento de la producción de los estados miembro de la Unión Europea que tradicionalmente han tenido una tendencia excedentaria. Un hecho que, según afirma COAG “ocasionará una bajada de precio en origen en Estados como España”. Se trata de los países localizados en la cornisa atlántica, con grandes explotaciones ganaderas y que cuentan con un sistema de alimentación del ganado más ligado a los recursos naturales.
Las características de las explotaciones de estos países difieren mucho de las que podemos encontrar en el Estado Español, que se caracteriza por explotaciones pequeñas, muchas veces localizadas en zonas montañosas y que dependen más de materias primas que se deben importar y que hacen aumentar el precio de coste. El descenso de entregas de leche respecto a campañas anteriores, ocasionado por el elevado coste de las materias primas y el bajo precio pagado por la leche en origen, provocan una gran desventaja competitiva.
Por otro lado, los ganaderos acusan a las industrias de imponer los precios muy por debajo del precio de coste. Con la eliminación de las cuotas los precios también han entrado a ajustarse con el mercado y, la importación de leche y productos lácteos a precios muy inferiores de países como Francia y Alemania, han hecho bajar el precio en origen. Algunos productores afirman haber recibido hasta 26 céntimos por litro de leche, un precio que está por debajo del coste de producción.
Sin duda, se avecina un panorama de incertidumbre para los ganaderos españoles que logren sobrevivir a esta etapa:
En primer lugar, la mala gestión de las cuotas lácteas que convirtieron a España en un país deficitario e importador. En segundo, las características de las explotaciones españolas, de dimensiones pequeñas que no pueden hacer frente a las imposiciones de la industria y a las nuevas legislaciones y que, día tras día, muchas de ellas, se ven obligadas a cerrar. En tercer lugar, el miedo a un aumento de producción a nivel mundial que provoque, todavía más, una caída en los precios de origen. Y por último, el poco poder de las instalaciones españolas para poder crear productos de valor añadido y competitivo; son las principales razones que afectan hoy en día a los ganaderos del país.
El gobierno podría buscar medidas para proteger al productor, asegurar el precio de coste e instaurar un precio mínimo, establecer ayudas para modernizar las instalaciones y hacerlas más competitivas respecto a las explotaciones de los países vecinos. Además se deberían promocionar proyectos de I+D para facilitar la elaboración de productos de valor añadido a través de nuevas tecnologías (lácteos pediátricos, lácteos geriátricos, quesos, yogures…) unos productos que también ayudarían a mejorar la competitividad de las ganaderías españolas.
Y por otra parte, esta nueva situación, constituye también un reto para los ganaderos que tendrán que vivir tiempos nuevos y saber jugar en un medio caracterizado por la volatilidad de precio.












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