Mi suegra

La historia es real, mi suegra es una persona súper activa, hacendosa al extremo, se levanta cada día a las seis de la mañana, empieza por colocar agua en el hervidor, mueve las sillas, mueve todo lo que le parece no estar en su lugar, habla sola, barre la sala-comedor y la cocina, busca la ropa que han de usar mis hijos para ir a la escuela, y refunfuña siempre cuando lo que  encuentra es un caos, todo lo hace temprano, es capaz de ir a la casa de alguien a las seis de la mañana y en varias ocasiones ha citado, también a esa hora, (lo cual me parece mortificante) a algunos trabajadores para hacer ciertas  reparaciones o modificaciones en la casa, le divierte hacerlo todo con pasión y temprano, en  cada actividad hace notar su personalidad reñida con el ocio y el relajo, le disgusta sobremanera las personas flojas, por eso siempre está discutiendo con sus nietas mayores que poco o nada han heredado de su abuela ese espíritu resuelto por el quehacer cotidiano domestico. Es de baja estatura, delgada,  cabello corto, algo ondulado y pintado de negro, su expresión permite ver en sus ojos caídos (como los de Silvester Stallone) cierta ternura materna; en sus tiempos de actividad laboral fue vendedora de vajillas de cerámica de una fábrica muy prestigiosa del país, eso le permitió  alcanzar su principal objetivo que fue construir su casa, algo que nos enorgullece a todos y a ella de manera muy especial, por eso, se esmera para que se vea presentable por dentro y por fuera, hasta hace poco una de sus principales actividades por la mañana era salir y barrer la vereda, acomodar, limpiar y regar las plantas del jardín, todo quedaba hermoso y sobre todo limpio, lograba  que las flores resalten sus colores, en verano, con el sol matinal, me transmiten  cierta energía cósmica a manera de estimulante espiritual que logra ponerme contento y salir con ganas de trabajar. Tiene en el jardín plantas de geranios, cucardas, buenas tardes y un árbol de molle que ella misma se encargó de traerlo de su lugar de nacimiento: Pullayi, un poblado menor del departamento de  Ancash y  cuya patrona es La virgen del arco iris.

El frontis de su casa, cada mañana, era retocado con esmero hasta dejarlo perfumado, por eso siempre estaba regio (o casi siempre). Un día notamos con estupor que alguien había deshecho el trabajo que con tanto afán, ella, realizaba.

Inicialmente no le dimos importancia, pero el hecho empezó a repetirse sin una secuencia lógica, cómo sorprender a quien estaba boicoteando el trabajo de mi suegra; igual  no le dimos importancia, pero ella empezó a investigar, se paraba en la puerta, salía intempestivamente a mirar por la ventana para sorprender al intruso, le tomó varias semanas de seguimiento sin llegar a nada, porque  siempre estaba en actividad y no podía postergar sus obligaciones por una preocupación tan nimia, sin embargo cada vez  que podía, se paraba de perfil junto a la puerta,  detenía la respiración, achinaba sus ojos y…acechaba. Cierto día en que estábamos desayunando, escuchamos un extraño ruido en la puerta de la sala, como si, desde afuera, estuvieran tirando arena con piedras contra los vidrios y el fierro de la puerta, lo cual provocaba aquel sonido especial como si estuvieran rasgando una superficie rugosa; ella, se acercó sigilosamente por la ventana y pasmada se quedó al  sorprender infraganti a aquel  embustero, causa de sus sobresaltos,  que por tanto tiempo estaba acechando, vio como rasqueteaba la tierra húmeda del jardín y la  tiraba sobre la puerta y sobre la vereda recién barrida, vio como orinaba sobre su buenas tardes y luego las pisaba con irreverente desparpajo propio de callejeros, y no contento con ello se revolcaba sobre las flores tirándolas por todas partes  dejándolas marchitas, enjutas y decoloradas; testigo mudo de todo ello: el molle.

Este personaje nefasto que tanta rabia había causado en la casa, y en especial a mi suegra,  era un perro, negro,  chusco, flaco, trompudo y feo.

Inmediatamente y con el ánimo resuelto a terminar este bochornoso espectáculo, mi suegra abrió la puerta,  salió y le grito indignada: ¡¡¡¡ zafa perro de xxxxxxx ¡!!!.

El perro no pareció darse cuenta de los insultos de mi suegra, continuó con su tropelía sobre las flores, parecía disfrutar al máximo, como si esa sensación de libertad le generara algún reposo espiritual o alguna compensación que lo gratificaba enormemente. Ahora estaba con el dorso sobre la tierra húmeda del jardín  y las patas traseras hacia arriba en movimientos de flexión y extensión a la vez (como si estuviera manejando bicicleta), los ojos cerrados y la cabeza en movimiento para ambos lados, el hocico abierto completamente y su lengua bailando al compas de cada movimiento de la cabeza, digamos que solo le faltaba reír, se notaba en él un éxtasis de felicidad extrema, todos lo mirábamos perplejos pero mi suegra, en un acto desesperado, por la forma de como ese perro se  burlaba de nosotros- arruinando el jardín- volvió a proferir sus celebres frases : ¡¡¡¡zafa perro de xxxxxxx….lárgate de una buena vez!!!!, …….esta vez el perro advirtió que se referían a él, entonces paró en seco, se incorporó,  se sacudió la tierra ensuciando nuevamente la vereda, rasqueteó con sus patas traseras el suelo tirándonos un poco de tierra, miró a mi suegra con indiferencia (tal como el “cholo payet lo hizo  ayer con  la prensa) y se fue caminando muy orondo, irreverente,  muy tranquilo, llegó hasta la esquina y se perdió ante nuestros ojos intrigados. Al ver tales escenas; quedamos  estupefactos con todo lo acontecido,  con signos de interrogación cayendo de todas parte hasta tocar la piel, el corazón, el hígado y hasta las manos…. qué significaba todo esto?.... qué motivo tendría este animal para manifestar tal comportamiento?, ….qué extraña fuerza lo llevaba a realizar tales movimientos y por qué  con las flores  y el jardín de la casa de mi suegra?.

 Alguien comentó, solo por curiosidad: “ese perro negro es igualito al perro que pisó a la Gipsy”.

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