Mal rojo

25/04/2016 Cerdo

 ETIOLOGÍA Y PATOGENÍA: PARTE 1

El ‘Mal rojo’ o también llamado ‘Erisipela porcina‘ es una enfermedad infecciosa causada por Erysipelothrix rhusiopathiae. Esta enfermedad se caracteriza por cuadros cutáneos o septicémicos, y también puede llegar a producir artritis o endocarditis valvular cuando se cronifica.

Erysipelothrix rhusiopathiae tiene 26 serotipos, y el 1 y el 2 afectan al ganado porcino. Este agente también se ha aislado de ovejas, roedores y aves, y en mataderos se encuentran hallazgos en un alto porcentaje de animales que eran asintomáticos.

En cerdos, la mayoría de infecciones clínicas aparecen en la etapa de transición – engorde, cuando disminuyen los anticuerpos maternales de forma aguda o bien se cronifica en cerdos adultos y en este caso ya no habrá septicemia.

La enfermedad es poco frecuente en cerdos de 8 -12 semanas de edad, gracias a la protección que proporcionan los anticuerpos maternales mediante el calostro. Por tanto, son más susceptibles a la enfermedad los cerdos en crecimiento, las cerdas primerizas y las cerdas no vacunadas.

La transmisión de la enfermedad, puede ser por vía oral o por vía percutánea procedente del medio ambiente o de portadores de la enfermedad.

Posteriormente, pasa a las tonsilas o a los ganglios linfáticos y la infección llega a la sangre, produciendo un proceso septicémico. En este momento, el animal padecerá fiebre, abatimiento y malestar. También producirá una reacción inflamatoria que conduce a la formación de trombos hialinos, que ocluyen los vasos periféricos, ocasionando las características lesiones cutáneas en forma de diamante. A partir de este punto, la infección también puede volverse crónica, momento en el que normalmente desaparecerá la forma dérmica. En la forma crónica se observa artritis, que puede manifestarse como una leve cojera hasta llegar a una total falta de movimiento de la articulación.                                                                                                                                Otra lesión frecuente es la endocarditis proliferativa, que se encuentra sobretodo a nivel valvular, y está causada por el proceso septicémico anterior. La válvula mitral suele ser la más afectada, llegando a ocluir la comunicación con las venas pulmonares o la arteria aorta. Esta estenosis ocasiona diferentes signos clínicos como: disnea, taquicardia, cianosis por esfuerzo y pérdida de peso.

Por último, también se puede observar de forma menos frecuente una dermatitis necrótica que puede afectar a las orejas, rabo, partes distales de extremidades, cabeza y dorso.

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